sacado de aqui Si, sigo dándole vueltas al tema de los anuncios sobre las drogas pero es que me tienen empapelada la estación del tren con la nueva campaña contra los drogadictos y así no hay manera, es inevitable, todos los días al ir y volver del curro tengo unos entrañables momentos de reflexión personal en los que intento averiguar porque coño voy a la oficina a forrarle el riñón al jefe cuando podría estar en mi casa hincándome un par de traviesas hasta los alveolillos.

El anuncio me produce exactamente la misma sensación que ver un cartel de viajes Halcón en el que me prometen que por 200 euros puedo estar meando mañana en un hotel de Praga. Y exactamente la misma sensación que al resto de los cartelevidentes.
Si quieres esto te jodes y trabajas,¡listo!.
Así funciona el mundo de la publicidad,cuando publicitan algo, no pararán hasta que lo desees con todas tus fuerzas.
Por eso el lunes veo el cartel y me siento un triunfador de fin de semana, el martes y el miércoles los dedico a renegar de la publicidad y de las drogas, (no necesariamente en ese orden), para el jueves ya estoy empezando a ponerme nervioso intentando saber donde voy a pillar el finde,y el viernes al salir del curro el cartel me recuerda que tengo que sacar 50 pavos del cajero y hacer un par de llamadas, me rindo me han vuelto a convencer.
Así funciona la publicidad, sugiere y seduce a partes iguales. Está ahí para recordarte que tienes que consumir, y es que probablemente hoy en día se hace más caso a un anuncio de la tele que al doctor, a los profesores o a tus viejos.
Somos capaces de tomar tres bifidus al día porque dicen que es bueno para la salud, pero no vamos a subir las escaleras andando porque el médico que me lo recomienda es un gilipollas que no tiene ni puta idea.
Todo esto evidentemente lo han averiguado hace ya unos años los políticos encargados de promover hábitos saludables entre sus conciudadanos, y así seducidos por interminables reuniones con los jefazos del marketing y la publicidad, se dedican ahora a educar por la vía de la campaña publicitaria, pensando que la educación es una cuestión de opinión o que las ideas se pueden vender.
De modo que imitando a mis dirigentes y asumiendo mi compromiso social no voy a perder la oportunidad de educar por la vía del anuncio, yo que puedo, así que: ahí va la mía.

Atrévanse con 3 de las gordas, porque según adidas no hay nada imposible.